Bayona, plural y tan singular

En la encrucijada exacta entre dos ríos: Errobi, el vasco y Adur, el gascón, Bayona es un crisol de culturas. Entre mar y montaña, pasado y futuro, pero donde se vive en presente siguiendo el curso del agua que une callejuelas milenarias y monumentales frescos de renombrados artistas de la calle, el Museo Vasco y de la Historia de Bayona y los puentes poblados de pescadores atraídos por el subir y bajar de las mareas.

Bayona, ciudad fortificada

Lugar de paso y de profundas raíces, Bayona es la puerta de entrada al País Vasco y un puerto abierto al mundo. Ciudad de márgenes, los de sus ríos,  pero que se construye en una centralidad, sin complejos, reforzada por su divisa en latín « mumquam polluta » (« nunca hollada » ). Ciudad fortificada que ha sabido resistir múltiples asedios, quince para ser exactos, bajo la figura protectora de su Château-Neuf, construido por el Rey de Francia tras la conquista de la ciudad en el siglo XV, y que desde su otero vigila y protege la ciudad. 

Bayona, ciudad capital

Esta vocación central convierte a Bayona en capital administrativa, cultural y económica del País Vasco, como hace mil años lo fue del Labort. Es, igualmente, centro neurálgico del comercio, gracias a su identidad mercantil: sólida y plural. Este determinismo que irradia y atrae la convierte en tierra de acogida y hace que su población haya superado los 50 000 habitantes.

Este poder de atracción no es nuevo. Lo vivieron, ya hace 500 años, los judíos de la Península Ibérica cuando huyendo de la Inquisición llegaron con los deliciosos secretos del chocolate, o más recientemente los refugiados vascos que introdujeron la práctica del poteo como arte de la vida social en los bares del Petit-Bayonne. 

El arte de vivir a la bayonense

España también ha dejado su impronta, a través de la plaza de toros de Bayona, la más antigua de Francia o de su gastronomía en miniatura: las tapas. Una convivencia que aglutina todas las identidades que pueblan Bayona, y que se encarnan en el centro de la ciudad a través de sus tres barrios: Grand-Bayonne, Petit-Bayonne y Saint-Esprit. 

El sentido de la fiesta

Bayona es la suma de sus barrios mal que le pese a Vauban que tan bien supo diseñar sus contornos. Una forma de vivir que se plasma en una manera de divertirse, de disfrutar de la música, del jamón o, en pleno verano, de participar activamente en las fiestas tradicionales de la ciudad hasta convertirlas en uno de los eventos más populares de Francia, o haciendo de su equipo de rugby, el Aviron Bayonnais, sea la envidia de todas las aficiones.

 

Bayona compendio de colores, de arte e historia, de carácter y pasiones, una obra maestra que nos traslada a las excepcionales obras del museo de bellas artes Bonnat-Helleu, guardián de una colección única entre Paris y Madrid. Bayona epicentro de matices, gravados en la piedra, modela su personalidad sin equívocos, plural y tan singular.